Fiebre Foodie

La Food­culture va mucho más allá de la calidad o complejidad de un platillo. Lejos de cumplir únicamente con un fin útil (alimentar), consiste en la relación entre entre el comensal y su platillo; los comensales no sólo disfrutan la complejidad o calidad del platillo en sí, sino todo el deleite y experiencia que lo acompaña.

Los foodies se encuentran constantemente en búsqueda de nuevas propuestas gastronómicas, y es interesante la forma en la que el comensal post­moderno incorpora la tecnología como parte de sus hábitos alimenticios. Basta voltear a nuestro alrededor, o incluso sumergirnos por un momento en nuestro smartphone para ser parte de la aventura de un food­lover en acción.

La experiencia comienza con un check-­in, ya sea en Forsquare (ahora Swarn) , Facebook, Twitter, o cualquier otra red social que permita compartir tu ubicación. El check­in suele ser acompañado con una foto: tal vez del lugar, o de ese detalle que te llamó inicialmente a querer compartir con el mundo el maravilloso recinto que acabas de descubrir. Una radio vintage, un piso de marmol hand­made, incluso el atardecer en la terraza.

La ambientación del lugar, los props, detalles; son aspectos que contribuyen a la experiencia culinaria, propiciando un ambiente familiar a través de elementos con los que el comensal se identifique, o reconozca como parte de su personalidad, gustos o persona. De esta forma, no importa cuántas personas visitan el mismo restaurante, café o bar, y suban su foto a Instagram ( #Instafood ); cada imagen será distinta, y transmitirá su propia impresión del lugar.

En gustos se rompen géneros, y cuando de comida se trata, hay un factor importante que parece dividir a los food­lovers en dos: La relación entre precio­sabor, costo beneficio. Por un lado, el gusto por la cocina contemporánea, que involucra cocina molecular, cenas degustación que constan de 6­8 tiempos, porciones pequeñas cuya presentación es cuidada minuciosamente. Por el otro, el regresar a los clásicos, el “menos es más”; explotar los ingredientes y sacar su máximo sabor, regresar a las raíces y esencia de cada platillo, recetas originales, cenas de 3 a 5 tiempos que se traducen a quedar satisfecho.

Actualmente soy Chef en Le Roy, uno de los restaurantes de Grupo Sirilo. Cuando decidimos el menú, optamos por esta última línea, nos basamos en la ambientación e identidad del lugar; algo muy íntimo. Nos adaptamos a un diseño clásico. Mesas grandes, para comer con amigos y familiares, platillos pensados en sus comensales, que evoquen la memoria y todos los sentidos. Buscamos rescatar recetas tradicionales, con nuestras propias variantes.

Queremos que nuestra identidad sea la experiencia del sabor y el ambiente casual.

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